El oro se aferra a 4.500 dólares: la Fed de Warsh eleva el listón de tipos mientras los bancos centrales sostienen la demanda
24.05.2026 - 09:50:52 | boerse-global.de
La solidez de la demanda institucional contrasta con la presión que ejerce sobre el metal la nueva era monetaria en Estados Unidos. En el primer trimestre de 2026, los bancos centrales adquirieron 244 toneladas netas de oro, mientras que la demanda global total alcanzó un récord de 1.231 toneladas valoradas en 193.000 millones de dólares, un 74% más que en el mismo período del año anterior. La demanda de monedas y lingotes se disparó un 42%, registrando el segundo mejor trimestre de la historia. Este colchón estructural explica por qué el oro logra mantenerse sobre los 4.500 dólares pese al fuerte viento en contra.
Ese viento tiene nombre y apellido: Kevin Warsh. Confirmado como nuevo presidente de la Reserva Federal el 13 de mayo, su perfil marcadamente halcón ha disparado las apuestas por una subida de tipos. El mercado asigna ahora una probabilidad cercana al 55% de que la Fed eleve el precio del dinero al menos 25 puntos básicos antes de octubre. No se habla ya de recortes, sino de un "higher for longer" que hace que los bonos del Tesoro a 30 años ofrezcan rentabilidades no vistas desde 2007. Eso encarece el coste de oportunidad de un activo que no genera intereses.
A ello se suma el fortalecimiento del dólar, impulsado precisamente por las expectativas de tipos más altos. La moneda estadounidense se aprecia y encarece el oro para los compradores internacionales, lo que ha llevado al metal a ceder más de un 6% desde su máximo de mediados de mayo en 4.773 dólares. El oro cerró la semana en 4.521 dólares, lo que supone una caída semanal del 0,8% y un descenso mensual del 4,5%. Su cotización actual, en torno a 4.510 dólares, se sitúa un 17% por debajo del máximo de 52 semanas de 5.450 dólares.
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La geopolítica añade una capa de complejidad. Las negociaciones con Irán siguen sin resolver: Estados Unidos exige el desmantelamiento del programa nuclear, pero Teherán insiste en conservar las reservas de uranio enriquecido. El líder supremo iraní habría ordenado no exportar el uranio, contradiciendo las demandas estadounidenses. Además, Irán negocia con Omán un sistema de peaje para el estrecho de Ormuz, una idea rechazada por Trump. La incertidumbre eleva el precio del petróleo hacia máximos de cuatro años, alimentando la inflación. Paradójicamente, ese mismo impulso inflacionario, que en teoría debería favorecer al oro, está reforzando al dólar y a las expectativas de subida de tipos.
El próximo examen será el miércoles 28 de mayo, cuando se publique el deflactor del PCE de abril, la medida de inflación preferida de la Fed. En marzo, el índice general se situó en el 3,5% y el subyacente en el 3,2%. Estos datos constituyen la última referencia relevante antes de la primera reunión del FOMC presidida por Warsh, programada para los días 16 y 17 de junio. Si el PCE muestra presiones alcistas, se afianzarán las apuestas por una subida y el oro podría perder el soporte de los 4.500 dólares. Por el contrario, una lectura más benigna o avances en Oriente Próximo podrían aliviar la presión.
En el plano técnico, el metal precioso se encuentra en una zona delicada. Cotiza aproximadamente un 3% por debajo de su media móvil de 50 sesiones, situada en 4.669 dólares. Las medias de 20, 100 y 200 días se agrupan entre 4.649 y 4.794 dólares, formando una densa zona de resistencia. El primer soporte relevante está en la cota de 4.500 dólares; si cede, el siguiente nivel clave se sitúa en 4.450 dólares. Por debajo de ahí, el escenario bajista se intensificaría. El índice de fuerza relativa (RSI) se encuentra en 49,8, en terreno neutral y sin señales claras.
La presión vendedora se refleja también en los flujos de los ETF. El SPDR Gold Shares redujo sus tenencias a 1.036,85 toneladas, con salidas netas de 472 millones de dólares en la última semana. Sin embargo, las compras de los bancos centrales —que en el primer trimestre sumaron 244 toneladas netas— actúan como un suelo. No logran revertir la tendencia, pero sí frenan el desplome. El oro se mantiene en el filo de la navaja, esperando que el próximo dato de inflación incline la balanza hacia un lado u otro.
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