Nvidia se juega su futuro entre la transición a Rubin y el fantasma de la financiación circular
Published on 07/28/2026 at 20:02 | Redaktion boerse-global.de
La cotización de Nvidia se encuentra en una encrucijada que combina dos narrativas de peso: la inminente transición arquitectónica hacia Vera Rubin y la creciente controversia en torno a su papel como prestamista de facto del ecosistema de inteligencia artificial. A 173,12 euros por acción en el mercado alemán, el valor se sitúa un 14,45% por debajo de su máximo de 52 semanas de 202,50 euros, mientras el mercado digiere una serie de movimientos que han disparado las alarmas entre los inversores más cautelosos.
La jornada del lunes fue especialmente reveladora. Los seguros de impago de Nvidia —los credit default swaps— alcanzaron un récord histórico, con el mayor repunte diario desde noviembre de 2025. En la Bolsa de Nueva York, el desplome rozó el 5%, situando el título en 196,51 dólares y borrando unos 250.000 millones de dólares de capitalización bursátil. La causa inmediata fue una cascada de anuncios de financiación que el fabricante de chips ha concedido a sus principales clientes, un movimiento que ha reabierto el debate sobre los riesgos de un modelo de negocio que algunos comparan ya con la burbuja de las puntocom.
El entramado financiero que inquieta al mercado
El epicentro de la polémica se encuentra en una posible garantía de financiación de hasta 250.000 millones de dólares que Nvidia podría estar respaldando para que OpenAI construya un centro de datos de 10 gigavatios en Pike County, Ohio. El coste total del proyecto, que se levantará sobre los terrenos de una antigua planta de enriquecimiento de uranio y que desarrolla SB Energy, podría superar el medio billón de dólares. La primera fase, de 800 megavatios, tiene como fecha objetivo 2028. A esto se suman informaciones que apuntan a otros 350.000 millones de dólares en compromisos de compra de chips por parte de OpenAI, una empresa en la que Nvidia ya había invertido previamente 30.000 millones.
Pero el alcance de la estrategia va mucho más allá. Con la surcoreana SK Group, Nvidia ha sellado una alianza valorada en más de 500.000 millones de dólares para desarrollar centros de datos con una capacidad agregada superior a los dos gigavatios. En el portal Naver, el fabricante de chips desembolsa 1.000 millones de dólares para convertirse en su tercer mayor accionista, con un 4,5% del capital, mientras que el gestor de activos Brookfield aporta hasta 9.000 millones adicionales para levantar 200 megavatios de capacidad antes de 2028. A todo ello se añade un contrato de arrendamiento de hasta 50.000 millones de dólares a 15 años con Hut 8 para un centro de datos en Texas, construido según la arquitectura de referencia DSX de la propia Nvidia y equipado exclusivamente con sus chips.
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El debate sobre la financiación circular
El esquema ha despertado las críticas de inversores tan reconocidos como Michael Burry y Jim Chanos, que ven en esta maraña financiera un patrón de financiación circular: Nvidia presta el dinero con el que sus clientes le compran chips. Jim Cramer, el conocido presentador de televisión, advirtió de que el modelo recuerda a la vendor financing que llevó a la ruina a numerosas empresas durante el estallido de la burbuja tecnológica. Incluso un estratega de JPMorgan calificó el actual ciclo de la inteligencia artificial como "demasiado cercano" a aquella burbuja.
El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, ha rechazado de plano estas acusaciones, calificándolas de "absurdas" y "ridículas". Sin embargo, el daño en la percepción del mercado ya está hecho. La Sociedad de Inversiones Societe Generale resumió el cambio de paradigma señalando que el foco de los inversores ya no está en el beneficio por acción, sino en los credit default swaps. El Fondo Monetario Internacional y el Banco de Pagos Internacionales ya habían alertado previamente sobre los riesgos sistémicos que entrañan estas cadenas de financiación en el sector tecnológico.
La inquietud se contagió el martes a los mercados asiáticos: el Kospi surcoreano se dejó más de un 9%, el Nikkei japonés cayó cerca de un 4%, y fabricantes de componentes como SK Hynix, Samsung y Kioxia sufrieron desplomes de doble dígito.
La transición a Rubin, el otro gran desafío
Paralelamente al ruido financiero, Nvidia afronta un reto industrial de primer orden: el relevo de la arquitectura Blackwell por Vera Rubin. El nuevo chip debe entrar en producción en serie durante el trimestre en curso, y su éxito determinará si la compañía logra mantener el ritmo de crecimiento que ha catapultado su cotización en los últimos años. El coste por token procesado con Rubin debería ser diez veces inferior al de Blackwell, una mejora de eficiencia crucial para que el mercado transite de la inteligencia artificial experimental a las aplicaciones de producción a gran escala.
El consenso de analistas sitúa el precio objetivo en 266,25 euros, lo que representa un potencial alcista cercano al 54% desde los niveles actuales. Pero ese escenario optimista depende de que el lanzamiento de Rubin se produzca sin contratiempos. El segmento de Sovereign AI —la inversión de los Estados en infraestructura propia de inteligencia artificial— creció un 74% interanual en el último trimestre y se perfila como un pilar de la demanda futura. Según la propia compañía, los pedidos acumulados de Blackwell y Rubin hasta 2027 superan el billón de dólares.
Los riesgos técnicos y geopolíticos
El panorama no está exento de nubarrones. La cotización se encuentra ligeramente por debajo de su media de 100 días, en 173,48 euros, y claramente por debajo de la media de 50 días, situada en 180,12 euros. El RSI, en 43,6 puntos, refleja un sentimiento neutral pero sin signos de sobreventa. La pérdida total del mercado chino de centros de datos —donde Nvidia ya contabiliza ingresos cero— aumenta la dependencia de los presupuestos de inversión de un puñado de hiperescalares estadounidenses.
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Además, circulan informes del sector que apuntan a posibles retrasos en la validación de la memoria HBM4 y los nuevos sistemas de refrigeración líquida necesarios para Rubin. Si estos problemas se materializan, Blackwell podría seguir representando más del 70% de los envíos durante el resto de 2026, prolongando un ciclo de transición más largo de lo previsto.
La cita del 26 de agosto
Todos los ojos están puestos en la presentación de resultados del 26 de agosto. Si la dirección confirma un arranque sin sobresaltos de Rubin y una demanda estable de Blackwell durante el periodo de transición, la acción podría recuperar el camino hacia su máximo anual. Por el contrario, si se reconocen retrasos en la validación de HBM4 o problemas en la cadena de suministro, la siguiente referencia técnica sería la media de 200 días, en 166,26 euros.
Mientras tanto, los fundamentales del negocio siguen siendo sólidos: en el primer trimestre del año fiscal 2027, los ingresos crecieron un 85%, hasta 81.600 millones de dólares, con el negocio de centros de datos aportando 75.200 millones. El beneficio por acción alcanzó 1,87 dólares, y los compromisos de entrega pendientes suman 119.000 millones. Pero la concentración de riesgos es evidente: los cuatro mayores clientes representan el 61% de los ingresos, una dependencia que, combinada con las nuevas líneas de financiación, mantiene en vilo a un mercado que ya no sabe si mirar al balance o a los seguros de impago.
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