Oro: el cruce de datos laborales y la crisis de Hormuz definen el próximo movimiento
03.06.2026 - 15:21:37 | boerse-global.deLa cotización del oro se ha instalado en una banda de indecisión. Tras cerrar el martes en 4.515 dólares la onza, el metal amaneció el miércoles en torno a los 4.488 dólares, con un descenso del 0,65%. El catalizador de esta leve corrección fue la publicación de los JOLTS, que revelaron un número de vacantes en su nivel más alto de los últimos dos años, acompañado de una caída en los despidos. Un mercado laboral que no se enfría alimenta las expectativas de que la Reserva Federal suba los tipos antes de que termine el año, y unos tipos más altos encarecen el coste de oportunidad de mantener un activo que no genera rendimientos.
Sin embargo, el oro no se desploma porque la geopolítica ejerce de contrapeso. La escalada militar en la región de Hormuz —con misiles iraníes y represalias estadounidenses— dispara el petróleo, aviva la inflación y, paradójicamente, refuerza la narrativa de subida de tipos. Ese mismo petróleo, al encarecerse, también actúa como catalizador inflacionario que los inversores cubren con oro. El resultado es un tira y afloja que mantiene al lingote en un estrecho rango de espera.
Este jueves y viernes llegan dos pruebas de fuego para el mercado: el ADP de empleo privado y el ISM de servicios. Los operadores escrutarán especialmente el componente de precios del ISM. Si confirma la persistencia de presiones inflacionistas que ya apuntó el ISM manufacturero, se consolidará la visión de una Fed restrictiva durante más tiempo. Por el contrario, unas cifras débiles podrían aliviar la presión y empujar al oro de vuelta hacia los 4.550 dólares o más arriba. La resistencia técnica inmediata se sitúa en los 4.641 dólares —el promedio de 50 sesiones—, mientras que el soporte clave está en 4.400 dólares. La media de 200 días y la zona de 4.550 dólares actúan como colchones intermedios.
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A medio plazo, el panorama sigue siendo constructivo. Goldman Sachs mantiene su objetivo de 5.400 dólares para finales de 2026, lo que supone un potencial de revalorización cercano al 20% desde los niveles actuales. J.P. Morgan es aún más optimista y fija un rango de entre 6.000 y 6.300 dólares. El consenso de los analistas profesionales ronda los 5.500 dólares para los próximos doce meses.
El soporte estructural no solo llega de la geopolítica. Los bancos centrales compraron 244 toneladas netas de oro en el primer trimestre de 2026, un 6% más que en el trimestre anterior, con Polonia, Uzbekistán y China a la cabeza. Además, según WisdomTree, está entrando nuevo capital desde Asia y desde el ecosistema de las criptomonedas, lo que amplía la base de demanda y convierte cada corrección en una oportunidad de compra.
El índice de fuerza relativa (RSI) del oro se sitúa en 49,8, en terreno neutral. Ni sobrecompra ni sobreventa. El precio se encuentra un 17% por debajo del máximo de 52 semanas de 5.450 dólares. La paciencia es la divisa que domina: los inversores esperan que los datos macro de las próximas horas rompan el actual punto muerto. Hasta entonces, el oro baila al son de tres músicas diferentes: la Fed, el cañón de Hormuz y la demanda institucional.
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