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Oro: el refugio que no se refugia mientras los ETF pierden 14.400 millones

Published on 07/20/2026 at 10:41 | Redaktion boerse-global.de

El oro se mantiene plano en los 4.000 dólares pese a escalada entre EE.UU. e Irán y un petróleo al alza. Los inversores prefieren bonos y la Fed frena el repunte.

Oro en 4.000 dólares: sin reacción a tensiones geopolíticas y subida del petróleo
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El oro se mantiene anclado en la cota de los 4.000 dólares, inusualmente impasible ante una escalada geopolítica que ha disparado el petróleo casi un 3% en una sola jornada. El conflicto entre Estados Unidos e Irán se intensifica, las rutas marítimas del Golfo Pérsico están bajo presión y la inflación latente amenaza con avivarse, pero el metal precioso no reacciona con la virulencia que cabría esperar de un activo refugio. Lo que sí revela una historia muy distinta es el goteo imparable de los grandes fondos cotizados: el SPDR Gold Shares (GLD) ha visto salir 14.400 millones de dólares desde marzo.

El futuro del oro con entrega en agosto cotiza el lunes a 4.017,40 dólares la onza, apenas 1,40 dólares por debajo del cierre del viernes, que fue de 4.021,30 dólares. En el mes, el metal acumula un descenso del 3,63% y se sitúa a solo un 3,08% de su mínimo de 52 semanas. La consolidación, lejos de resolverse, se enquista.

El petróleo se dispara, el oro se contiene

Mientras el oro apenas se mueve, el crudo Brent salta un 3% hasta los 90,71 dólares por barril y el West Texas Intermediate avanza un 2,55%, hasta 84,59 dólares. En la semana previa, ambas referencias ya se habían revalorizado en torno al 16%. El detonante es la novena noche consecutiva de ataques estadounidenses sobre objetivos iraníes, a los que se suman los lanzamientos desde territorio de Kuwait y Bahréin. Teherán responde atacando buques que, según su versión, vulneran las normas de tránsito en el estrecho de Ormuz. El tráfico marítimo sigue gravemente afectado.

Pese a esta tensión, la demanda de oro como refugio no se materializa. Los inversores miran a otro lado: a la renta fija. Las rentabilidades de los bonos soberanos ofrecen un competidor directo y, con la Reserva Federal dispuesta a no aflojar, el metal carece de estímulo para saltar al alza.

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La Fed marca el compás

Las expectativas de tipos han experimentado un baile de cifras en los últimos días. Según la herramienta FedWatch de la CME Group, la probabilidad de una subida de tipos el 16 de septiembre se sitúa en el 60%, frente al 70% de hace una semana. Los datos de inflación al consumo y al productor de junio, más débiles de lo esperado, relajaron momentáneamente esas apuestas. Sin embargo, la presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, avivó el viernes el temor a que la inflación se muestre persistente, provocando que en una sola jornada la probabilidad de subida repuntara del 47% al 53%. El dato definitivo del lunes refleja esa última presión.

La paradoja es que, al mismo tiempo, la propia subida del petróleo podría realimentar la inflación y, con ella, las expectativas de tipos más altos, un círculo vicioso que mantiene al oro atrapado entre la geopolítica y la política monetaria.

Wall Street corrige sus pronósticos a la baja

Las grandes firmas de inversión han ido ajustando sus expectativas para el metal amarillo, aunque con divergencias notables. Goldman Sachs recortó a mediados de junio su objetivo para finales de 2026 de 5.400 a 4.900 dólares, tras dejar de contemplar un recorte de tipos de la Fed este año. JPMorgan aplicó la tijera más agresiva en julio: su previsión para el cuarto trimestre de 2026 cayó un 25%, de unos 6.000 a 4.500 dólares, argumentando una demanda más débil por parte de los principales compradores. Bank of America redujo el 8 de julio su estimación para el conjunto de 2026 un 14%, hasta 4.360 dólares, aunque mantiene su meta de largo plazo en 6.000 dólares para cuando concluya el ciclo restrictivo de la Fed.

HSBC, por su parte, rebajó el 9 de julio su pronóstico medio para 2026 de 4.864 a 4.560 dólares, atribuyéndolo a un dólar más fuerte y a la postura más dura del banco central estadounidense. Curiosamente, su objetivo para finales de 2026 permanece sin cambios en 4.750 dólares, lo que sugiere que la entidad espera una recuperación en la segunda mitad del año. La horquilla que maneja HSBC para el resto del ejercicio va de los 3.800 a los 4.700 dólares.

La hemorragia de los ETF y un síntoma de cambio

El desinterés de los inversores por el oro se refleja con crudeza en los flujos del mayor fondo cotizado del mundo, el SPDR Gold Shares (GLD). Entre marzo y julio, el trust ha sufrido salidas netas por 14.400 millones de dólares, reduciendo su patrimonio hasta los 128.610 millones. Solo en marzo perdió 8.500 millones, el mayor rescate mensual de su historia. Abril añadió 1.700 millones, mayo 872 millones y junio 3.200 millones más.

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Sin embargo, la última semana ha ofrecido un destello de cambio: el GLD registró una entrada neta de 446,8 millones de dólares, acompañada de un aumento en el número de participaciones en circulación. Aunque insuficiente para revertir la tendencia estructural, este movimiento sugiere que algunos inversores institucionales aprovechan la debilidad del precio para tomar posiciones.

Una encrucijada pendiente de dos variables

Los fundamentales que tradicionalmente sostienen al oro —elevada deuda soberana, pérdida de poder adquisitivo, tensiones geopolíticas y diversificación de reservas de los bancos centrales— siguen intactos, como recuerdan tanto JPMorgan como HSBC. Pero el predominio del factor tipos de interés mantiene al metal en un limbo. Dos elementos marcarán las próximas sesiones: la evolución del conflicto en Oriente Próximo y su impacto en el petróleo, y los datos macroeconómicos estadounidenses que puedan moderar o endurecer las apuestas sobre la Fed. Si la tensión en el estrecho de Ormuz se intensifica y los precios del crudo siguen al alza, la presión vía inflación y tipos podría mantener al oro anclado alrededor de los 4.000 dólares. Si, por el contrario, la geopolítica se distiende y los datos débiles aflojan el sesgo restrictivo de la Fed, el metal encontraría el impulso que por ahora se le niega.

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