Oro: la gran paradoja de las compras récord de los bancos centrales y la presión bajista de la Fed
29.06.2026 - 17:14:42 | boerse-global.de
Un abismo separa la demanda institucional de la evolución del precio a corto plazo. Mientras los bancos centrales acumulan oro a un ritmo histórico, los mercados castigan al metal con caídas de doble dígito mensual. La clave está en la política monetaria de Estados Unidos.
El lunes, la onza troy cayó hasta los 4.046 dólares, un 1,4% menos que al cierre del viernes. En el acumulado del mes, el descenso supera el 11%. El RSI se sitúa en 34,7, lo que indica condiciones de sobreventa. La presión vendedora tiene un nombre: las expectativas de tipos de interés. El mercado descuenta tres subidas de tipos en 2026, con una probabilidad del 60% para el primer movimiento en septiembre —el artículo secundario eleva esa probabilidad al 62%, un dato que se respeta como el más reciente de las dos fuentes.
El combustible de la caída: petróleo y tipos
El detonante inmediato del último desplome fue la escalada en el estrecho de Ormuz. Irán atacó un portacontenedores, un petrolero qatarí y bases militares en Kuwait y Baréin. Estados Unidos respondió con ataques de represalia. El petróleo se disparó, avivando los temores inflacionistas. Paradójicamente, el oro perdió terreno. La explicación reside en la Fed: el repunte de las rentabilidades de los bonos eleva el coste de oportunidad de un activo que no paga intereses.
La tregua acordada posteriormente —conversaciones confirmadas por Trump para el 30 de junio en Catar— alivió algo la tensión geopolítica, pero no bastó para frenar la sangría del metal precioso. La Fed elevó su previsión de inflación para este año al 3,6%, frente al 2,7% anterior. Ese dato, sumado a los indicadores de precios al consumo —el PCE de mayo dentro de lo esperado— dejó poco margen para el optimismo.
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Compradores institucionales a contracorriente
Mientras los operadores del corto plazo huyen, los bancos centrales redoblan su apuesta. El informe del World Gold Council (WGC) revela que el 89% de los gestores de reservas prevé aumentar sus tenencias de oro en los próximos doce meses. Un récord del 45% planea expandir activamente sus reservas. En el primer trimestre, las compras alcanzaron las 244 toneladas, un 17% más que en el trimestre anterior. Polonia y Uzbekistán encabezaron la lista.
Goldman Sachs calcula que el ritmo de adquisiciones se mantendrá en 60 toneladas mensuales durante el resto del año. En el plano minorista, la demanda de monedas y lingotes sumó 474 toneladas en el arranque de 2026, el segundo mejor registro histórico.
El motivo principal que citan los bancos centrales (el 90% de los encuestados) es el comportamiento del metal en situaciones de crisis. Le siguen la reserva de valor a largo plazo y la diversificación de carteras. La desdolarización es otro factor clave: el 74% de las instituciones espera que la participación del dólar en las reservas globales disminuya en los próximos cinco años. El oro ocuparía ese hueco, muy por delante del euro o el renminbi.
La desconfianza en el dólar se acelera
El escepticismo hacia la divisa estadounidense gana intensidad. Un 61% de los bancos centrales considera la deuda pública de EE.UU. una amenaza para el estatus del dólar. En 2024, ese porcentaje era solo del 20%. Nunca antes se había registrado un ritmo de deterioro tan rápido en la confianza. El oro ha superado a los bonos del Tesoro como mayor activo de reserva a nivel mundial, un punto de inflexión histórico.
Las instituciones también están modificando sus patrones de custodia. El 9% de los bancos centrales incrementó el almacenamiento doméstico de oro durante el último año, frente al 5% del ejercicio anterior.
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El pulso del tercer trimestre depende de los ETF
Pese al apetito institucional, el verdadero termómetro del precio a corto plazo son los flujos de los ETF. Y esos flujos siguen débiles. Las tenencias mundiales de fondos cotizados de oro cayeron en mayo hasta las 4.121 toneladas, con un descenso del 2% en el patrimonio gestionado respecto al mes anterior.
Morgan Stanley condiciona su objetivo de 5.200 dólares para el segundo semestre de 2026 a que las entradas en ETF se reactiven. Goldman Sachs y Deutsche Bank ya han rebajado sus pronósticos, citando la política restrictiva de la Fed. Por su parte, J.P. Morgan mantiene una visión mucho más alcista: 6.000 dólares para finales de 2026 y 6.300 dólares para 2027.
El mercado espera ahora dos referencias clave: el informe de empleo de EE.UU. y el índice ISM manufacturero. Ambos datos condicionarán el próximo movimiento de la Fed y, con él, la dirección del oro. La distancia respecto al máximo anual de 5.626,80 dólares es todavía enorme, pero la demanda de bancos centrales y la desdolarización podrían acortarla si la presión monetaria cede.
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