Oro: la inflación al productor se dispara y el empleo sorprende, pero los bancos centrales mantienen su apetito comprador
13.06.2026 - 13:54:06 | boerse-global.de
El metal precioso acumula una caída cercana al 10% en el mes, un desplome que no se veía desde hace meses. El detonante: una batería de datos macroeconómicos estadounidenses que reavivan el fantasma de nuevas subidas de tipos. Sin embargo, el precio encuentra un colchón inesperado en las compras masivas de los bancos centrales, que han convertido la debilidad en una oportunidad para engordar sus reservas.
El viernes cerró a 4.239,70 dólares, un nivel que deja al activo un 8% por encima de su mínimo de 52 semanas (3.901,30 dólares), pero que todavía refleja una presión bajista intensa. El RSI, en 36,1, señala una condición de sobreventa que, de momento, no logra desencadenar un rebote sostenido. En el plano técnico, la cotización se sitúa cerca de un 8% por debajo de su media de 50 sesiones, y la zona de los 4.000 dólares se perfila como el último bastión antes de que el tendencia alcista de largo plazo se ponga en peligro.
La agenda del miércoles y jueves de la próxima semana condensa todos los focos de tensión: la Reserva Federal celebra su primera reunión bajo la presidencia de Kevin Warsh. Los inversores temen que el tono del comunicado y el diagrama de puntos incline la balanza hacia más endurecimiento. El contexto lo justifica: los precios al productor de mayo se dispararon un 1,1% mensual y un 6,5% interanual —el mayor avance desde noviembre de 2022—, mientras que el IPC general superó por primera vez en tres años el umbral del 4%. A ello se suma el informe de empleo de mayo, que arrojó 172.000 nuevas nóminas frente a las 85.000 anticipadas por los analistas, una sorpresa que caldea las expectativas de subidas.
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Frente a ese viento en contra, la demanda institucional ofrece un contrapeso. El Banco Popular de China adquirió unas diez toneladas adicionales en mayo, elevando sus reservas oficiales hasta las 2.332 toneladas, equivalentes a cerca del 9% de las divisas del país. Polonia ha sido aún más agresiva: en lo que va de año ha comprado más de 45 toneladas, hasta un total aproximado de 595 toneladas. Estos flujos de dinero oficial contrastan con la retirada de los inversores privados y ayudan a amortiguar el golpe vendedor que llega desde otros frentes.
No todos los bancos centrales compran. Turquía, por ejemplo, ha reducido sus tenencias de oro en las últimas semanas, añadiendo presión al mercado. Tampoco los factores geopolíticos han actuado esta vez como catalizador alcista. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán —un evento que en otras circunstancias dispararía la búsqueda de refugio— apenas ha sostenido al metal, eclipsado por los temores macroeconómicos.
En el frente regulatorio, la CME ve amenazado su plan de lanzar un mercado de futuros de oro 24/7, previsto para el 26 de julio. La CFTC estudia bloquear la iniciativa por el riesgo de una volatilidad aún mayor en un activo que ya soporta una oscilación anualizada del 25%. Mientras tanto, los estrategas recortan previsiones: ANZ ha rebajado su objetivo de fin de año en 400 dólares, hasta los 5.200 dólares por onza, un síntoma claro de que la confianza en una pronta recuperación se ha debilitado.
Con la Fed en el horizonte inmediato y las cifras de inflación al consumo a la vista, el oro se asoma a una semana decisiva. La capacidad de los bancos centrales para seguir comprando ante la tormenta de tipos determinará si el soporte de los 4.000 dólares resiste o se convierte en el próximo nivel cedido a los osos.
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