Oro: la ofensiva del dólar y los rendimientos sepulta el efecto geopolítico, pero la demanda estructural no cede
02.06.2026 - 13:30:55 | boerse-global.de
El oro atraviesa una fase contradictoria. Las tensiones entre Estados Unidos e Irán se intensifican, los ataques se suceden y el crudo se dispara. Sin embargo, el metal precioso no termina de beneficiarse del tradicional efecto refugio. Al contrario: el lunes cayó casi un 2%, hasta 4.520 dólares por onza, y aunque este martes rebota un 0,88% hasta 4.554,70 dólares, el panorama a corto plazo sigue dominado por los vientos en contra.
El problema no es la falta de conflictos, sino el canal por el que estos impactan en los mercados. La escalada en el golfo Pérsico –EE.UU. e Irán no alcanzaron un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz– ha elevado el precio del petróleo. Y unos precios energéticos más altos avivan los temores inflacionistas. Eso, a su vez, empuja al alza los rendimientos de la deuda y fortalece al dólar. El oro, que no paga intereses, sufre doblemente: la renta fija se vuelve más atractiva en términos relativos y la divisa estadounidense encarece el metal para los compradores fuera de la zona dólar. La lógica descrita por Reuters se impuso con claridad el lunes.
El mercado descuenta una Fed sin margen
El trasfondo monetario refuerza la presión. La Reserva Federal mantiene los tipos en el 3,50%-3,75% tras su tercera pausa consecutiva en abril. La decisión no fue unánime: la votación de 8 a 4 reflejó el mayor disenso dentro del FOMC desde octubre de 1992. El mercado descuenta actualmente una probabilidad cercana al 50% de que haya al menos una subida de tipos antes de que acabe el año. La próxima reunión del Comité, los días 16 y 17 de junio, incluirá nuevas proyecciones económicas y el dot plot actualizado. Además, el relevo en la presidencia de la Fed está ya señalado: en mayo de 2026 Jerome Powell cederá el testigo a Kevin Warsh, un halcón declarado que ha criticado la laxitud posterior a la pandemia.
En este entorno, los datos macro de EE.UU. cobran una relevancia extraordinaria. El viernes 5 de junio el Bureau of Labor Statistics publicará el informe de empleo de mayo, con cifras de creación de puestos de trabajo, salarios y tasa de paro. Un registro robusto reforzaría al dólar y mantendría los rendimientos elevados, lastrando aún más al oro. Por el contrario, unas cifras débiles aliviarían la presión sobre la Fed y darían un respiro al metal. Esta semana también se publican el ISM manufacturero y las ofertas de empleo JOLTS, además de las intervenciones de varios miembros de la Fed.
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El lastre técnico y la competencia de la renta variable
El oro cotiza un 1,88% por debajo de su media móvil de 50 sesiones. El RSI, en 49,8 puntos, se sitúa en terreno neutral, lo que sugiere que el mercado carece de un sesgo direccional claro a corto plazo. Respecto a su máximo de 52 semanas –5.450 dólares– el descenso acumulado ronda el 17%.
Otro factor que drena liquidez del metal precioso es el rally de la bolsa estadounidense. El S&P 500 marcó un nuevo récord en 7.599 puntos, compitiendo directamente con el oro como destino de las inversiones. Muchos inversores han preferido tomar beneficios tras la racha alcista de las acciones, y la fortaleza del dólar ha terminado por desencadenar ventas adicionales.
El contrapeso de los flujos institucionales
A pesar del castigo a corto plazo, la demanda estructural de oro sigue siendo sólida. Según el World Gold Council, los ETF respaldados físicamente registraron entradas netas por valor de 6.600 millones de dólares en abril. Las tenencias globales alcanzaron las 4.137 toneladas y el patrimonio bajo gestión se situó en 615.000 millones. El dato más revelador es que todas las regiones contribuyeron al flujo positivo, con especial protagonismo de los fondos europeos. Esto indica que la comunidad inversora no ve el oro solo como un activo de crisis, sino como un componente estratégico de cartera.
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A ello se suman las compras de los bancos centrales. En el primer trimestre de 2026, las autoridades monetarias adquirieron 244 toneladas netas, un ritmo que mantiene al metal apuntalado desde el lado de la oferta y la demanda oficial. La demanda global de oro, incluyendo el mercado extrabursátil, sumó 1.231 toneladas en el arranque del año, un 2% más que en el mismo periodo de 2025 y un récord en valor absoluto: 193.000 millones de dólares.
La próxima semana marca el rumbo
El corto plazo depende ahora de la cita del viernes con las nóminas no agrícolas. Un dato fuerte incrementará las expectativas de una Fed aún más restrictiva y hundirá al oro bajo el peso combinado del dólar y los rendimientos. Un dato flojo, en cambio, podría romper la dinámica actual y dar al metal la oportunidad de remontar antes de que el FOMC publique sus nuevas proyecciones a mediados de mes. Mientras tanto, la paradoja geopolítica se mantiene: el conflicto que debería impulsar el refugio acaba, por la vía del petróleo y la inflación, ahogándolo.
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